estimulacion temprana

La estimulación temprana tiene como fin intervenir, desarrollar y potenciar las funciones cerebrales de tu bebé mediante juegos y ejercicios repetitivos, tanto en el plano intelectual, como en el físico y afectivo.

Desde su nacimiento, muchos bebés permanecen boca-arriba, arropados en sus cunas, hamacas, cochecitos o cualquier otro dispositivo que inhabilita su movimiento y le impide explorar el mundo, es por ello la importancia de la estimulación temprana como parte de su desarrollo.

Gracias a diversos estudios, está comprobado que el cerebro del bebé necesita recibir información para desarrollar la inteligencia que le permita ir aprendiendo a sobrevivir en un mundo totalmente nuevo para él. Las capacidades no se van adquiriendo de manera automática con el paso del tiempo y en un bebé, no son la excepción, por eso necesita recibir estímulos todos los días desde su nacimiento.

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¿Qué se considera un estímulo?

Un estímulo es todo lo que el bebé percibe a través de sus sentidos. Estos estímulos deben tener determinadas características para que sean realmente efectivos, si son estímulos escasos, irregulares o pobres, el cerebro no es estimulado y desarrolla sus capacidades en forma limitada y lenta.

En esta etapa, los sentidos son considerados, por excelencia, instrumentos de la inteligencia.

¿Cómo estimular a nuestro bebé?

Para intervenir adecuadamente es necesario conocer las etapas evolutivas por las que el bebé atraviesa, así sabremos qué estimulación es la apropiada, tanto en calidad como en cantidad. No olvidemos que el exceso es tan nocivo como la falta.

Es recomendable diseñar un programa para el bebé o el niño tomando en cuenta sus necesidades y entorno familiar, y ubicando los objetivos que se quieren trabajar para su posterior evaluación durante el proceso. Todas las áreas son estimuladas a pesar de que busquemos priorizar alguna en especial.

Al empezar, buscaremos reforzar el vínculo emocional del bebé, respetando su espacio. Posteriormente se trabajan las siguientes áreas:

  • Motricidad gruesa y fina: Su objetivo es que el bebé y/o niño controle sus músculos coordinando sus movimientos libremente
  • Lenguaje: Ayuda en la comprensión de su lenguaje para expresarse a través de él
  • Cognitivo: Trabaja el intelecto del bebé
  • Personal y emocional: Busca incentivar la independencia del niño en actividades cotidianas como alimentarse y vestirse
  • Social: Facilitando al niño los elementos necesarios para desarrollarse en su entorno

El vehículo esencial es la dinámica juego-juguete. Cuando hablamos de juego-juguete no nos estamos refiriendo únicamente a un juego regalado ni a un juguete comprado. Por ejemplo, para un bebé de 3 meses, que manifiesta una clara «preferencia visual» por los rostros humanos en detrimento de los objetos, el juego más apropiado sería incentivar que toque el rostro de su mamá con sus manitos.

En el proceso de estimulación, la paciencia es fundamental porque cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y por ello, los tiempos son indefinidos para lograr un objetivo. Se debe ofrecer actividades que el niño esté preparado para superar, con el fin de elevar su autoestima. Estos objetivos se irán modificando de acuerdo al grado de desarrollo y logros alcanzados por el niño.

La flexibilidad del cerebro va disminuyendo con la edad y diversos estudios corroboran que el desarrollo neuronal de los bebés alcanza su máximo nivel desde el nacimiento hasta los 3 años de edad. Es por ello que, cuanto antes comencemos con la estimulación temprana, mejor para el desarrollo de nuestros bebés.

 

 

Doctor Roberto Felix Pacheco
Médico Pediatra – CMP 34264

 

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